VIRGEN DE LA ANTIGUA
Esta talla de la Virgen con
el Niño recibe el nombre de Santa María de la Antigua. La
madre sostiene un fruto dorado y el Hijo bendice al que se
acerca a su presencia. Cuesta trabajo encuadrarla en un
estilo artístico, pues ha sufrido transformaciones para
adaptarla al gusto de los diversos momentos de la historia,
pero fue realizada, seguramente en el S. XIV, por un artista
anónimo castellano.
De apariencia románica, esta
Virgen sedente sirve de trono a su Hijo, Rey desde la
debilidad propia de un niño; góticos semejan sus rostros
sonrientes y sus miradas cálidas; renacentistas los arreglos
del cabello de la madre y el tratamiento de sus vestidos.
La cuidadosa restauración
realizada por el Centro de Restauración de Castilla-La
Mancha ha puesto al descubierto restos de la magnífica
ornamentación floral del manto de la Virgen y la delicada
redecilla que recoge su pelo.
SAN PEDRO APÓSTOL
El Centro de Restauración de
Castilla-La Mancha ha recuperado para nuestro museo esta
magnífica talla de bulto redondo del apóstol san Pedro que
llegó desde la iglesia del despoblado Villacadima. Esta es
la imagen de su patrono, por lo que nos encontramos ante una
importante talla, estofada y policromada, realizada por un
artista anónimo a finales del S. XVI para ocupar un lugar de
honor en el altar mayor de la iglesia parroquial.
Los pies descalzos, un libro
abierto, la túnica verde y el manto dorado y rojo nos
indican que estamos ante un apóstol, la mutilación de la
mano derecha nos impide ver las llaves, atributo normal de
san Pedro, pero el pose de su rostro y su mirada nos hablan
del anuncio del evangelio que lleva en su mano. Podría estar
diciendo, como narra el libro de los Hechos de los
Apóstoles: Os hablo de Jesús de Nazaret… Dios lo ha
resucitado de entre los muertos, y nosotros somos testigos
de ello (Hch 3,15).
CALLAD MIENTRAS DUERME
Nos encontramos ante una obra
inédita, procedente de la desaparecida población de El
Atance, recuperada por Tríptico-Restaura para nuestro museo.
Es una representación de la Virgen María Reina que vela el
sueño de su Hijo mientras san Juan Bautista niño manda
callar y un devoto observa la escena. Se trata de un óleo
sobre lienzo de finales del XVII o principios del XVIII, de
un autor anónimo que pudo inspirarse en la obra de Angelino
Medoro (c. 1567-1633) titulada Virgen con el Niño, que se
encuentra en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.
Es una obra de
encargo, pues se adivina el retrato del donante en el
personaje que observa la escena. Sorprende ver a la Virgen
con los atributos de Reina y rodeada por ángeles. Conmueve
la placidez de su hijo dormido, apenas cubierto por un velo
transparente. Lleva a la reflexión el gesto de san Juanito,
que se completa en la inscripción latina que rodea el marco
e inspira el título de la obra:
TACETE DUM DORMIT ET REQUIESCIT
DOMINUS ET DEUS MEUS QUONIAM CITO SUSCITABUM EUM PECATA
HOMINUN (Callad
mientras duerme y descansa el Señor y Dios mío porque muy
pronto lo despertarán los pecados de los hombres).
SAN JOSÉ Y EL NIÑO
Éste
óleo sobre tela se atribuye con seguridad a Juan Bautista de
Losa y Alcázar, padre filipense que tuvo su taller y escuela
en el Oratorio de san Felipe Neri de Molina de Aragón en el
S. XVII. Nuestro museo tiene el honor de exponer una
magnífica muestra de sus obras en la segunda planta.
Contemplamos a S. José como
“un hombre joven de poco más de 30 años” que sostiene en sus
brazos al Niño Jesús, viste amplios ropajes y porta la vara
florida. Una iconografía al gusto de la época que sigue las
sugerencias de F. Pacheco. La representación muestra un
fuerte contraste entre la sensación de paz que trasmiten el
santo Patriarca y el Niño y la turbación que apuntan el
cielo amenazante y los árboles agitados por el viento.
Contraste, sin duda, buscado por el autor como anticipando
el futuro de este Niño, que es el Salvador.
Su restauración ha sido
patrocinada por el Excmo. Ayuntamiento de Sigüenza y
realizada por Tríptico-Restaura.
ESTIGMATIZACIÓN DE SAN FRANCISCO
(Octubre 2007)
El
relieve de la estigmatización de San Francisco, del S. XVII,
es un magnífico ejemplo de la técnica del estofado, en la
que el artista dora la superficie tallada con pan de oro,
sobre el que aplica la capa pictórica, que finalmente raspa
para que reaparezca el dorado bajo la policromía.
El autor anónimo nos presenta
una escena de la vida de San Francisco de Asís, cuyo ideal
de vida era seguir a Jesucristo pobre y crucificado. Esta
imitación llega a su momento máximo en una experiencia
mística en el Monte Alverna. San Francisco aparece de
rodillas, en contemplación, en el momento de la visión de
un querubín con los rasgos de Jesús crucificado que imprime
las llagas de la Cruz del Señor, a través de unos rayos de
luz, en sus manos, costado y pies.
La obra ha sido restaurada
por Tríptico-Restaura con el patrocinio del Ayuntamiento de
Sigüenza.
CRISTO CRUCIFICADO
(Septiembre 2007)
Talla gótica de Cristo
Crucificado, obra anónima de la Escuela Castellana de la
primera mitad del S. XIII. Es una escultura de bulto redondo
y de tamaño medio a la que se le ha agregado una cruz
durante el proceso de restauración para preservar su
integridad.
Se trata de una obra gótica,
un Cristo con tres clavos, que aún conserva del románico un
rostro sereno y la ausencia de corona de espinas, pero debe
al gótico la abundancia de sangre en las heridas de la
frente, costado, rodillas, manos y pies, y un incipiente
aunque nada desdeñable estudio anatómico. Un Crucificado que
busca impactar la sensibilidad del que se acerca a él, una
gota de sangre en la mejilla, que se confunde con una
lágrima, nos sugiere el nombre de Cristo de la Compasión. La
obra ha sido restaurada por Tríptico-Restaura con el
patrocinio de Ibercaja.
VISITACIÓN DE LA VIRGEN
(Agosto 2007)
Este óleo sobre lienzo, del
primer cuarto del S. XVII, fue bellamente realizado por un
pintor anónimo de la Escuela Madrileña, encuadrado en el
primer barroco naturalista. Nos sugiere afinidades con
maestros tan conocidos como V. Carducho o Eugenio Caxés. El
lienzo era originalmente más grande. El proceso de
restauración ha puesto de manifiesto que fue recortado,
desapare-ciendo de él las figuras de San José y de Zacarías,
apenas insinuado ahora en la mano que se acerca al hombro de
Isabel. Nos presenta el saludo de dos mujeres bendecidas por
Dios en la puerta de la casa de Zacarías: Isabel,
sobrecogida al descubrir la presencia de Jesús en el seno de
María, que llega a acariciar con su mano, la Virgen
concentrada como meditando el misterio que va creciendo en
su interior; la madre de Juan en tonos oscuros, la Madre de
Jesús en colores más claros y vivos, pues es portadora del
que trae la luz al mundo. La obra ha sido restaurada por
Tríptico-Restaura con el patrocinio del Excmo. Ayuntamiento
de Sigüenza.